sábado, 9 de febrero de 2019

GRATITUD

¡Hola, que tal! Ya sé, ya sé, pensaban que había muerto, ¿verdad?, que todo lo que había escrito en ocasiones anteriores se había hecho realidad. Ni yo misma se cuánto tiempo paso desde la última vez que escribí. Perdón por mi ausencia, andaba por la vida ocupada, probando que se sentía permitirse así mismo llenarse de emociones, sentimientos, experiencias en muchos ámbitos. Y, ¿qué creen?, ¡se siente muy bien!, porque son aquellas experiencias las que te ayudarán a enfrentarte a situaciones con madurez, te ayudará a tener esa facilidad de comprensión frente a situaciones similares y la sensibilidad frente lo desconocido. He aprendido que las decisiones que tomes aun pensándolo mucho, son acciones que podrían desencadenar cosas buenas y malas, y es en ese momento donde te preguntas: ¿es bueno pensar demasiado sobre algo?, hasta ahora no lo sé, eso te limitaría salir de tu zona de confort y por ende no experimentarías u optarías por algo arriesgado, por el temor a fallar.
También Comprendí que en el transcurso de la vida vas conociendo a muchas personas que te enseñan el verdadero sentido de tu profesión, con lo que soñaste ser cuando eras niño y hoy, lo que te hace diferente a los demás…tu vocación.

Hay personas que siempre estarán en el momento preciso, cuando creas que no hay nada más por hacer.


BLANCO

Abrí la puerta, se afligió mi corazón
al ver su mirada en mí, perdí la locución,
sorprendido preguntaste, cuál era la razón
que una joven de 20 años, perdiera la ilusión.

Avergonzada, expliqué la noción
del suceso que, en mi vida, fue un tropezón
que al pasar del tiempo fue una explosión
que en mi alma dejó, una terrible desazón.

Abriendo sus ojos pequeños, sufrió un remezón
del asombro, al escuchar la triste narración
de aquella joven, que pedía un estremezón
al saber que tú eras, su única salvación.

Dos veranos pasaron, se me hizo más lejano la curación
de mi cuerpo y alma, que solo sentía una quemazón,
quería que el dolor pasara, y no sintieras compasión
de esta pobre chica, que sufrió un terrible punzón.

Perdía las esperanzas, dijiste que tenía una gran armazón
reflejada en valentía y fuerza, que me daría una aceptación
de los sucesos de la vida, que se iban convirtiendo en una sazón
más dulce y clara, porque daba resultados, toda la oración.

Eran pocos los días que solía verte, no había alguna motivación
el peligro había pasado, solo quedaba alguna hinchazón
de las marcas producto de aquella lesión
que se iba alejando, pero siempre quedará la comezón.

Suelo recordar aun aquellos días de nublazón
y también a mi doctor con una gran alegría y admiración,
este suceso me dejó una gran lección y caparazón
agradecerle por su tiempo, dedicación y vocación.

Atte: Anabel Garcilazo